Las espadas invencibles
Cuando pensamos en una espada mítica de las mitologías celtas, inevitablemente el primer nombre que nos viene a la cabeza es el de Excalibur, la famosísima arma del rey Arturo. Sin embargo, la espada con poderes sobrenaturales que el héroe debe buscar era un motivo recurrente en las leyendas atlánticas. Incluso está catalogado en el Índice de Motivos de la Literatura Popular del folklorista Stith Thompson —es el motivo H1337, si os lo preguntáis—.
La Espada de Nuada
Nuada fue uno de los Tuatha Dé Danann, los antiguos dioses de Irlanda. Su espada era uno de los cuatro tesoros sagrados traídos de sus ciudades míticas, en concreto, de Findias. En los textos más antiguos no tenía un nombre propio explícito. Según las leyendas, una vez desenvainada, nadie podía escapar de ella. En una de las leyendas del Ciclo de Úlster, uno de los principales de la mitología irlandesa, se la describe como una «antorcha brillante».
La Claíomh Solais o «Espada de Luz»
Este es el nombre genérico del arquetipo de espada legendaria que es el objeto central de más de una treintena de cuentos de las mitologías irlandesa y galesa. Es decir, no hay una espada concreta que se llame así, sino que es el nombre del cliché. A menudo, es la única arma que puede vencer al enemigo al que se enfrenta el héroe.
Caladbolg, la «cuchilla dura»
En este caso sí que es una espada concreta blandida por un héroe determinado. Fergus mac Róich, también del ciclo del Úlster de la mitología irlandesa, llama así a su espada capaz de cortar la cima de una colina. O de tres, más bien. Así, de un plumazo. Pero esta espada sí tiene una trayectoria que se remonta, no os lo perdáis, a la mitología clásica. Pasó de Zeus a los héroes de la guerra de Troya, de ahí a Roma, etc. Fergus la recibió del héroe principal del Ciclo de Úlster: Cúchulainn. Tras su muerte, continuó pasando de héroe en héroe hasta llegar a San Patricio. La tradición galesa adaptó el mito irlandés transformándolo en la espada Caledfwlch que empuña el rey Arturo en los relatos galeses antiguos. Siglos después, Geoffrey de Monmouth latinizó el término como Caliburnus, que los poetas franceses adaptaron finalmente como Escalibor y Excalibur.
Fragarach, «la que responde»
Pertenecía al dios del mar de la mitología irlandesa, Manannán mac Lir. Fragarach debilitaba al enemigo y podía atravesar cualquier cota de malla o armadura.
Moralltach y Beagalltach, «las Furias»
El héroe Diarmuid Ua Duibhne llevaba un montón de armas, y la mayoría de ellas con poderes sobrenaturales. Pero destacan dos espadas que recibió directamente de los dioses: Moralltach («La Gran Furia») y Beagalltach («La Pequeña Furia»). La primera estaba reservada exclusivamente para los combates de vida o muerte, mientras que la pequeña furia era más para las batallas menores del día a día. La de duelos formales y la de peleítas informales.
De los dioses a los hombres
Estas espadas cumplen con una función simbólica. No las puede blandir cualquiera, con lo que legitiman a su portador como el elegido para la hazaña en cuestión. Pero ese derecho puede ser revocado si el héroe deja de ser digno. Es un poder superior prestado a aquellos que las utilizan. El hecho de que sean luminosas o invencibles añaden el matiz del bien contra el mal, el orden contra el caos. Una espada luminosa vencerá a las sombras del mal, y si solo la puede llevar un héroe determinado será porque él es el destinado a ser un soberano noble y justo. Y, dado que es un arma que procede de los propios dioses, esa figura heroica será la intermediaria entre lo divino y lo terrenal. Así, el concepto es el mismo que el de los semidioses griegos o los faraones egipcios.
Marta Elías
Nacida y criada en Castelldefels y afincada en Vigo. Divulgo sobre mitología e historia y escribo aventuras. Sigo aprendiendo, estudiando y escribiendo mientras hago malabares con la maternidad y ser una señora rural.
«Conspiranoia», de Daniel Ezquerra
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