Bhimashankar, en los montes Sahyadri
La leyenda del demonio Bhim
En los montes Sahyadri vivía una mujer demonio llamada Karkati con su hijo Bhim. Cuando éste creció y le preguntó acerca de su padre, Karkati le contó que era Kumbhakarana, hermano del rey demonio Ravana, y que Rama⁵[1] lo asesinó cuando él era pequeño. La intención de su esposo era llevarlos a Sri Lanka, donde tenían su reino, pero al morir, se quedaron sin sitio al que ir. Bhim culpó a Vishnú, de quien Rama era encarnación, por la muerte de su padre y por estar confinado en esa jungla a causa de eso.
Rezó a Brahma para que le concediera fuerza, y cuando el dios lo hizo, dirigió su rencor hacia los devotos de Vishnu. Pensó que eso forzaría al dios a aparecerse ante él. Su primer objetivo fue el rey de Kama, a quien confinó en una cárcel junto a su mujer mientras se apoderaba de su reino. En esta cárcel, el rey y su esposa fabricaron un linga y empezaron a rezar a Shiva. Los guardias avisaron de esto a Bhim, que decidió matarlos. Cuando entró en la celda y atacó con su espada, Shiva surgió del linga y la repelió con su tridente. Después mató a Bhim, para gran alegría de los dioses por que hubiera un demonio menos, y permaneció siempre en ese lugar.
La leyenda de las tres ciudades
Los tres hijos del demonio Taraka, Tarakaksha, Viryavana y Kamalaksha, realizaron una penitencia tan dura que el dios Brahma no tuvo más remedio que concederles un deseo. Ellos pidieron la inmortalidad, pero eso era algo que Brahma no podía darles. Entonces idearon un plan para conseguir algo parecido: construirían una ciudad cada uno. El mayor, Tarakaksha, una hecha de oro en el cielo. El mediano, una de plata en el aire —que no es lo mismo que en el cielo; esta estaba en un plano medio entre el reino de los dioses y el de los hombres—. El pequeño, una de hierro en la tierra. Un poco como el cuento de los tres cerditos, pero con materiales más glamurosos.
Tras mil años, las tres ciudades acabarían siendo una sola. El truco era que ellos vivirían mientras sus ciudades se mantuvieran en pie, pero solo podían ser destruidas a la vez con una sola flecha. Parecía imposible, por lo que les pareció viable vivir eternamente.
Las ciudades prosperaron y los dioses empezaron a recelar. Estaban acumulando demasiado poder para su gusto. Le pidieron a Shiva que las destruyera, pero el dios se negó porque no hacían nada malo que lo justificara. Así que el resto de dioses le pidió a Vishnu que los engañara para que pecaran. Vishnu creó a un profeta llamado Arihat que les llevaría una falsa religión. Al dejar de adorar a los dioses, Shiva ya tenía un motivo para destruir Tripura, que para entonces ya era una sola ciudad.
Insertó su flecha en un arma llamada Pashupata, que venía a ser como una bomba nuclear —incluido el brillo y calor que generaba—, y que destruyó todo lo que se le puso por delante. Parece que esto le costó mucho esfuerzo a Shiva, porque se sentó a descansar sobre las montañas Sahyadri y el sudor que brotó de su frente cayó al suelo y originó el río Bhima. Esta es la versión que he utilizado en El tridente de Shiva.
El templo y el entorno
El edificio del templo actual es una restauración del siglo XVIII, durante el imperio Maratha. Lo más destacable es su torre —llamada shikhara—, con una forma curvada y escalonada propia del estilo Nagara. Sin embargo, ya había un edificio en el siglo XIII. Hay elementos que lo indican en el Garbhagriha, la zona más sagrada, en la que se encuentra el linga. Es una cámara pequeña y oscura a la que hay que acceder bajando unos escalones, no está al nivel del suelo. Se han encontrado cimientos que sugieren que el centro de culto podría ser incluso anterior, de entre los siglos IV y VIII, e incluso su proximidad a una zona de cuevas y manantiales podría hundir sus raíces en cultos prehistóricos al aire libre, pero eso es todo mucho más incierto.
El linga es un Svayambhu, que significa que no se ha construido, sino que se ha auto-manifestado. O sea, que ha «brotado» de la propia tierra. Tiene la peculiaridad de que está constantemente bañado por agua que brota de un manantial natural cercano. Su culto aquí se asocia con su faceta de protector de los inocentes y destructor de los pecadores.
Como dato curioso, en el recinto de Bhimashankar hay una campana gigante de bronce con una imagen grabada de la Virgen María. ¿Qué pinta ahí? Procede de la Batalla de Vasai, en 1739, que enfrentó a los Marathas contra los colonizadores portugueses. Ganaron los locales y reubicaron las campanas de las iglesias de la zona portuguesa por sus propios templos hindús.
Pero tan destacable como el propio templo es el marco natural en el que se encuentra. Los montes Sahyadri —donde Shiva se sentó a descansar—, también conocidos como Ghats Occidentales, son una cordillera que bordea el oeste de la meseta india. Es una zona de bosque tropical y relieve abrupto. En la época del monzón, los arroyos caen al vacío a través de los acantilados y se pierden en los bancos de niebla, como hebras de plata sobre el verde intenso de la vegetación. Y, en medio de ese escenario ya de por sí mágico, se alza una montaña de forma peculiar: Padargad, muy popular hoy en día como ruta de trekking.
En mi historia, Padargad es, en realidad, Tripura. Sin embargo, no es el lugar donde encuentran el objeto relacionado. En este caso, el bindi, por la faceta de Shiva del tercer ojo que todo lo ve y el castigar a los pecadores. Les sirve para demostrar que la leyenda pudo ser cierta y, efectivamente, ahí hay restos de una construcción antigua. En la «vida real» sí hay restos arqueológicos, pero no de una ciudad de hierro. Eso es una licencia literaria por mi parte. El fuerte de Bhorgiri, que también visitan, sí que existe y tiene salas excavadas en la roca en estado ruinoso y cuevas naturales. Es donde Casandra encuentra el mural que los pone sobre la pista de Tripura, pero esa parte es ficción.
Notas
[1] Rama es la encarnación más famosa de Vishnu. Una de sus historias más conocidas es la de cómo mató al demonio Ravana.
Marta Elías
Nacida y criada en Castelldefels y afincada en Vigo. Divulgo sobre mitología e historia y escribo aventuras. Sigo aprendiendo, estudiando y escribiendo mientras hago malabares con la maternidad y ser una señora rural.
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